Cinco estudios seleccionados directamente de nuestras bitácoras.
En orden cronológico que asciende:
I – contacto
II – reloj
III – el idioma de las hojas
IV – estación de descanso
V – la vida secreta de las plantas

Hola a todos, un saludo desde nuestra ventana.
William Gibson dice: “[...] la verdad es aun más rara que la ciencia ficción.” Es cierto, a menudo la literatura, la música, y otras tantas manifestaciones parecen tomar a la naturaleza (la trastocada y la no trastocada) como punto de partida. A veces también parece que logran contenerla/interpretarla de un modo tan certero y atinado, que estremece.
A un hombre, probablemente le lleve toda una vida escribir su más entrañable obra maestra.
Y sin embargo, nuestro mundo, sus leyes físicas y otras -quizá- desconocidas, lo hacen en cada segundo.
Las nubes, su movimiento, el sonido del viento, la gestación de cada ser vivo y no vivo. Es estremecedor.
Hablemos ahora de la estrellas.
Hace mucho tiempo, ayudaban a los viajeros en medio del océano a vislumbrar el rumbo.
Eran la orientación y la guía. Las constelaciones eran vistas religiosamente, y no es de extrañarse, puesto que su vida dependía de ello.
Hoy, en la era de las comunicaciones ‘instantáneas’, no es gratuito que el canal de televisión abierta de este país (México) se le llame ‘el canal de las estrellas’. Como tampoco es gratuito que a los residentes de Beverly Hills o Malibú, allá en California se les llame también ‘estrellas’. Son ellos los nuevos puntos de ‘referencia’ y orientación. Y gracias a la masiva transmisión de eventos alrededor de nuestro globo, sus vidas ( no importando cuanto de ordinario o extraordinario sean ), llegan a nuestros oídos y ojos como el mejor de los venenos, casi imperceptible.
Ante ello, un sector de la población comienza a conducir sus vidas desde una temprana edad, en torno a estas referencias. Sus futuras aspiraciones, probablemente nutridas por un núcleo familiar que también creció con las mismas debilidades. Primera señal del ‘no ser’.
Un comportamiento enfermo, aunque siendo la enfermedad ya de la mayoría, los ‘cuerdos’ se convierten en los no cuerdos, en los locos. Primera señal de la segregación, la identificación de la locura. Y después, la intolerancia.
Hace no mucho, muy cerca de mi casa existía un amplio campo, donde -ya de regreso- poco antes de que la luz se fuera, podían verse los más increíbles y multicolores atardeceres. Hoy construyeron un centro comercial, y la luz de tarde ahora dice ‘Wal-Mart’. Uno se siente mal, ultrajado, despojado de lo que era nuestro, pero ¿qué es lo nuestro?
En todo el mundo se extiende el imperio de las grandes corporaciones, no puede detenerse. Una de ellas es el cine. Mientras otros viven de la sed y el hambre del cuerpo, el cine lo hace con la sed de la mente, con los sueños. Nuevas generaciones que sólo leen su teléfono móvil y recurren a un prefabricado filme, para encontrar algo de sentido en sus vidas, mismas que conducen a partir de dichas constelaciones. Un escape.
Pero llega un momento, en que se repara en este vacío, en que se percibe la poca permanencia de nuestro cuerpo, la volatilidad del tiempo, quizá inevitable consecuencia del envejecimiento. Esa generación de adultos que nunca creció.
Un ejemplo claro de ello (pero no exclusivo) es el uso de twitter. Veo a una generación que por un lado trata desesperadamente de reafirmar ‘lo cotidiano’. Bien, de ahí la genialidad de Will Hoffman y sus ‘momentos’.
Sin embargo, descubrir la magia de otras profundidades, después de una vida en la superficie no es fácil. Por eso dicha reafirmación, fracasa finalmente y se convierte en la patología de los que no son. Con las pruebas de sus actividades diarias, tratan de reafirmar que en efecto viven en este año, en este día, que no les olviden. Que no han sido educados como ganado, que son individuos. Pero ¿cuánto tienen de extraordinario y singular sus pequeños, grandes o miserables problemas y alegrías?
Muy poco.
Por eso recurren entonces con alguien ‘extra-ordinario’,
pero ¿en dónde lo encuentran?
[ ¡he aquí la clave! ]
en sus tristes constelaciones.
En este perverso fetiche, no resulta sorprendente quiénes tienen el mayor número de ‘followers’. Si no pueden encontrarse en lo que hacen día con día, viven entonces la vida de ese otro que anhelan ser, pero no son ni serán. Esa gente que no.
( fotografía de W. Gibson por David Aillet )

Froticelli es un gato que -como los cometas- vuelve después de largos períodos de tiempo, como si el minucioso registro de azoteas y ramas fuera su tarea. No así cuando hay lluvia en la ciudad, él se detiene a escuchar -quizá-.
Los autos no, ellos nunca se detienen.
Ni siquiera al pasar frente a un cementerio.
Un día se instaló a la orilla de la ventana.
Amaneció un bicho inmóvil. Al siguiente, otros dos y así fue que ahora descansan al sol.
Los parques de noche, se atraviesan con el mismo recelo en que se presentan estos cinco breves y dispersos desvaríos para piano improvisado.
Grabados y escritos todos hacia la media noche del último día de agosto del dos mil nueve, desde un tanto céntrico departamento, mirando al sur.
Ciudad de México, MMIX.

Hace tiempo padecíamos de cierta obsesión con lo cotidiano y la intención de contenerlo a través de la taquigrafía.
Imposible sin duda.
Algo parecido a aquél método de André Breton ( “Composición surrealista, o el borrador primero o definitivo” ), ejercicio divertido y del todo provechoso. Él decía:
“[...] colócate en el estado más pasivo que puedas.”
“[...] escribe velozmente sin tema previo, con tal rapidez que te impida recordar lo escrito o caer en la tentación de releerlo.”
“[...] la primera frase vendrá sola, puesto que cada segundo hay una frase…”
“[...] continuidad del flujo verbal.”
¡Eso es!
Luego, veía una entrevista de Charles Manson, en la que decía algo así como:
“[...] la prisión no comienza al final de aquella reja, está en la mente, encerrada en un mundo muerto o muriéndose o en otro libre y vivo….”.
Es cierto, uno puede decidir cuál experimenta. El poder de la mente es -considero-, no lo suficientemente valorado, ¿qué es lo real a fin de cuentas?
Luego recordaba a Buckminster Fuller y su profundo desprecio hacia el sistema educativo, que también consideraba como una especie de prisión.
Existe cierto patrón en ciertos individuos, que los conduce a buscar ‘espacios marginales’, como diría María Elena Hernández. Mujeres y hombres que viven en la periferia -y no precisamente la física-. ¡Esos son los que nos interesan! Pero muchas veces, transitan en secreto o silencio. Hasta que uno se da cuenta, claro.
En fin. En nuestro pequeño -pero entrañable- refugio, por estas fechas la lluvia sobre los tejados -algunos de lámina- produce una música, según se vea, sombría, de nostalgia o de contemplación. Cualquiera funciona. Los misteriosos gatos buscan un rápido refugio. Me gusta cerrar los ojos con ese sonido.
[Imágenes de este post tomadas de aquí, aquí y aquí]

En el dos mil siete, un buen amigo nos invitó a Coachella, él llevaba asistiendo varios años y se había convertido en una suerte de gurú en estos temas.
Tenía usualmente las precisas recomendaciones y así felizmente iniciamos la semi-aventura que habríamos de repetir otras dos veces consecutivas.
Por algún motivo, al regreso dejamos de compartir lo ahí experimentado y he aquí entonces el momento de hacerlo.
No olvide el lector que vivo en la Ciudad de México, donde -hasta donde me han dicho- he nacido. Este punto de observación, determina radicalmente la perspectiva.
Hola a todos.
Los últimos días de esta semana transitamos una especie de aislamiento parcial, que al final gestó el breve disco que desde aquí compartimos.
Se llama ’sueños del futuro’ y en él se incluyen seis canciones escritas en este dos mil nueve y una de ellas [música de domingo] iniciada en el dos mil siete y terminada hace un par de días.
Mientras transcurría el proceso de grabación, en aleatorias pausas mirábamos los aviones pasar sobre nuestra ventana.
Las canciones son:
3 – manumitir
5 – habla de nuevo
[ DESCARGAR EL DISCO COMPLETO - 28 MB ]
Duración total: 17 minutos.
‘Hombres verdaderos’ toma el nombre a partir del cuasi-documental de Vargas Quevedo, ‘El Violín’.
Este disco fue grabado en la Ciudad de México y está dedicado a Mónica Inzua, autora también de la fotografía en portada.
Les invito a escucharlo y como siempre, estamos abiertos a cualquier comentario, mensaje o protesta; aunque tardemos en contestar, lo hacemos.
Hasta entonces.

Mientras preparamos nuevos ‘posts’, aquí dejamos un póster que recién diseñamos para la tercera conferencia del código de barras de la vida, que se llevará a cabo en la Ciudad de México el mes de noviembre.
* Puede descargarse una versión en alta resolución, aquí (se sugiere hacer ‘clic’ derecho en el link y descargarlo).
Un saludo a todos.

“Primer viernes de diciembre” fue una sesión acústica grabada -en efecto- el día quinto del último mes del año pasado en México, D. F., que finalmente publicamos aquí una selección de cinco breves canciones:
- casi nada nos queda
- de nubes y de guerras
- Ciudad Jardín
- todo como no es
- de los prisioneros voluntarios
Quizá todas las canciones -salvo Ciudad Jardín- comparten esa común idea del escape, del sinsabor de la ciudad, nuestro personal y colectivo declive, de la responsabilidad en señalar las cosas, de las guerras que vivimos -que han sido las de siempre-, y del deseo por cambiar esos lentes -que con frecuencia- nos han hecho ver las cosas de un modo triste y gris. Como si de algún modo todo ello hubiera propiciado una mutación, hacia una especie de prisioneros voluntarios.
Esta semana colocamos ‘en red’ el nuevo sitio de nuestro buen amigo, el diseñador, músico y arquitecto Edgar Mendoza R (EMRI). El sitio utiliza el Realität CMS Engine, para su fácil y ágil actualización, así también cuenta con un panel de control para clientes. Les invito entonces, a revisar su portafolio en www.emrimuardi.com. ¡Enhorabuena!
Hemos decidido experimentar -y aprehender, claro- con el célebre proyecto 365. Una fotografía al día que estará disponible en el siguiente set de flickr. Justo ayer cumplimos la primera semana con la fotografía que ilustra este ‘post’. Un abrazo.
ACTUALIZACIÓN: Así es, fracasamos. Fracasamos muchísimo.











