ACTUALIZACIÓN: Estimado lector, si usted considera que esta reseña es demasiado larga, o no tiene el tiempo para leerla completa le invitamos a leer únicamente el último párrafo, que representa una suerte de conclusión.

Por las mañanas mi lugar de trabajo habitual (por ahora) es la Ciudad Universitaria de la Universidad Nacional Autónoma de México. Para aquellos que nunca la han visitado, es un privilegio trabajar aquí; descansar o caminar a través de grandes espacios verdes y edificios que -en su momento- representaban de un modo tan enérgico el espíritu de la época moderna -hace ya casi cincuenta años- [Decenas de formidables fotografías pueden encontrarse en flickr, aquí, aquí, aquí, aquí, y también aquí].

Bien. La situación reside en que, además de espacios fundamentales como aulas, bibliotecas, sitios de recreación entre otros, todo habitante asiduo o esporádico de Ciudad Universitaria se enfrenta inevitablemente a resolver una necesidad que es: comer. Y personalmente -considero- no sólo una necesidad sino un gran placer, aquél del paladar.

Existen varias alternativas para comer que dependen principalmente del presupuesto. Desde algo ‘empaquetado’ en algún puesto ambulante, una comida en alguna de las múltiples cafeterías de las distintas facultades, o bien hacerlo en la única oferta de comida -llamémosle ‘gourmet’- que existe en el campus que es: el restaurant/cafetería Azul y Oro.

Según tengo entendido nació a partir del Chef de cierto ex-rector y su primera sede sustituyó la cafetería que se encontraba en el centro cultural, que según distintas versiones era mantenida en un muy triste estado, posteriormente dado el éxito de esta primera sede, una segunda fue inaugurada el año pasado en la planta baja de la torre de Ingeniería, mucho más cerca del casco viejo de nuestra universidad declarado patrimonio de la humanidad. Ofrecía platillos variados, con un sabor distinto, lo cual -probablemente- provocó que aparecieran múltiples reseñas en diaros y revistas especializadas, positivas en su mayoría en torno al establecimiento. Casi todas ellas mostrando al Chef sonriente, muy al estilo del buen Auguste Gusteau.

Ahora bien, será preciso tomar en cuenta que este documento es escrito por alguien que no ha estudiado ‘alta cocina’, pero que también solía ser un comensal habitual de dicho lugar, que visitábamos al menos dos o tres veces por mes en cualquiera de sus dos sedes. Eso claro, hasta el día de ayer por que es bien sabido, todo tiene que terminar de algún modo. Pero también trata de ser una suerte de crítica y crónica más cercana a la realidad cotidiana y que hemos experimentado, lejos de los panegíricos que emprobrecen la crítica.

Aunque nunca disfrutamos del todo el ambiente con poca ventilación y poco iluminado de la vieja sede, resultaba siempre agradable comer con la vista a la sala Nezahualcóyotl y la vegetación del centro cultural, casi obligaba una caminata posterior a la comida. El mejor pay de manzana que he probado era ahí servido, con almendras y helado de vainilla. Era delicioso, y es que el postre suele ser una pieza fundamental, es el acorde final de una gran canción o novela. A menudo lo visitábamos con amigos, familiares y colegas de trabajo. Y cualquier situación adversa era recompensada por el sabor de aquel pay.

Los problemas comenzaron hace casi un año cuando al final de la comida:
-Si, caballero-.
-Lo molesto con dos pays de manzana, un americano y un capuchino por favor-.
-Disculpe, pero ya no serviremos más el pay de manzana-.
-¡Cómo! ¡No me diga!-.
-Así es, el Chef decidió descontinuarlo, nada podemos hacer-.
-Bueno, entonces por favor que sean dos pays de queso-.
-Enseguida-.

Así es, ya no habría pays de manzana por órdenes del Chef, ni hablar. Al menos aún nos quedaba el pay de queso. Bien. Para no hacer más largo este texto, poco tiempo después regresamos y fue así:

-Disculpe, ¿no hay noticias de nuestro pay caído,
el pay de manzana, regresará algún día?-.
-No lo creo señor-.
-Entiendo, entonces por favor un pay de queso-.
-Me temo que ya no servimos el pay de queso-.
-¡Cómo! ¡Outrageous!-.

Así es, misma situación coincidía con una notoria ‘alza’ de precios que se vió reflejada en las enchiladas verdes (y casi todo el menú, claro) que -si no mal recuerdo- antes tenían un costo de $45 y hoy cuestan casi: $72 -si no mal recuerdo-. Habían subido los precios y descontinuado los dos mejores postres.

Hemos vuelto varias veces esporádicamente desde aquella ocasión, pero rara vez se ordena postre en la mesa. Han sucedido cosas negativas como cuando la cuenta tardó tanto en llegar que tuve que pagar personalmente en la caja; u otra ocasión en que el consumo de 4 personas por alguna regla ‘no escrita’ se incluía la propina automáticamente en la cuenta, sin ser mencionado ( cuya situación propiciaba un posible descuido y dejar adicionalmente otra cantidad para la propina), [ sepa el lector extranjero, que en México a diferencia de otros países, la propina es una cuota de carácter voluntario]. También sucedieron cosas positivas como haber descubierto un ‘tamal de frijol’ como entrada  o una buena agua de melón con nuez.

Pero en general habiendo visitado tantas veces dicho lugar, podría llegar a la conclusión de que es una cuestión de suerte, puede suceder que sea un buen día, no acudan tantos comensales y la atención recibida sea estupenda o bien, algún otro que tarden más de media hora en traer la cuenta. Y lo mismo con los platillos, unos ravioles podrían estar formidables cierto día y al siguiente encontrarse con una porción absurdamente pequeña en el plato o bien la ausencia de dicho platillo. Es totalmente inestable, situación que para un lugar cuya comida consista en mínimo quince dólares por persona me parece no aceptable ¿alguien podría comparar lo que uno recibiría por la misma cantidad en Santa Mónica o en la Rue des Chateaux?

Pero ya sabemos que es un aspecto cultural, nadie protestará, las cosas seguirán del mismo modo, la gente seguirá pagando unas cuotas altas pretendiendo que come en un lugar de ‘alta cocina’ mientras el supuesto lugar de ‘alta cocina’ sigue pretendiendo serlo aunque en el fondo sepa que es mentira. ¡Viva!

Aún así acudíamos de vez en vez -con un intervalo de tiempo mayor entre cada ocasión – hasta el día de hoy. Ayer un viejo amigo visitaba la ciudad y decidí invitarle a comer a la vieja sede del Azul y Oro. Hacía un buen día, eran ya casi las cuatro de la tarde cuando nos acercamos a la zona ‘al aire libre’ del lugar (sepa el lector, que el Azul y Oro en su primera sede, cuenta con dos zonas: una -un tanto claustrofóbica- cubierta y otra al aire libre junto a un cuerpo de agua que sirve como espejo y fuente -que constituye también un personaje fundamental en el espacio cultural-). Eramos dos personas, y todas las mesas de dos personas estaban ocupadas, no obstante había unas cuatro o cinco mesas para seis personas desocupadas. Siendo un habitual cliente de dicho lugar, sabía bien que era raro que dichas mesas fueran ocupadas ya después de esa hora. Por lo que al llegar, la situación sucedió así.

Después de un minuto de esperar a ser recibidos, decidimos entrar.
A medio camino un poco feliz mesero nos intercepta diciendo:

-Estamos llenos-.

-¿disculpe?-.
-Ya no hay cupo señor, vaya a la zona cubierta-.
-Pero somos dos personas, yo he venido a menudo, sé que no llegarán más personas a esta hora, ¿no puede darnos una mesa para seis?-.
El mesero en un alarde algebraico nos dice con un tono irónico: -Esas… *pausa al hablar * son mesas para ocho personas-.

Dicho tono fue suficiente para sugerir que no era necesario discutir con él. Mi amigo y yo, un tanto disgustados procedimos a la sección superior. Misma que se encontraba con un treinta por ciento de su ocupación habitual, pero que aún así nos hizo esperar veinte minutos para tomar nuestra orden. El servicio fue no sólo descortés sino lento. La comida no fue extraordinaria y la experiencia de visita muy pobre.

Mientras nos alejábamos, giré mi vista para observar la zona ‘abierta’ y no con mucha sorpresa descubrí las mismas mesas que habíamos encontrado vacías al llegar, permanecían igual.

Así entonces decidimos escribir este texto. Y aunque no he sido partidario de la migración del espacio público de las viejas ciudades a los centros comerciales, nos encontrábamos a diez minutos de Perisur (un mall importante al sur de la Ciudad) con muchas ofertas de comida, como por ejemplo el restaurant Crepes & Waffles que (aunque tampoco es tan feliz su condición espacial) nos habría ofrecido unas ricas crepas o un buen helado con aire colombiano que habría resultado en una primera instancia, mucho más barato que lo que terminamos pagando, en una segunda instancia, con mucha mayor satisfacción y en una tercera instancia nos habrían dado al final, un formulario de ‘opinión sobre el lugar’. Digamos entonces, que lo cualitativo de nuestra experiencia en ese momento hubiera sido naturalmente diferente.

Es una pena estimado lector, tener que recomendarle sitios externos a los que podrían existir al interior de nuestra muy querida universidad. De este modo si usted me pregunta, le recomendaría ir a Crepes & Waffles ubicado en el segundo nivel del centro comercial Perisur, o las múltiples y ricas alternativas que el Centro de Coyoacán ofrece (a cinco minutos del campus) que además se complementa con una experiencia espacial bastante enriquecedora, distinta. El Azul y Oro de la UNAM podrá llegar a sorprenderle, pero las más de las veces quedará usted no satisfecho y a lo lejos con un sabor de lamento, nostalgia y tristeza en el paladar. Como diría Joaquín Sabina “[...] para abreviar el cuento, ¡que no disfruté! ¡Que no vuelvo más!”

M. en Arq. Juan Manuel de J. Escalante
[ Ciudad Universitaria a 18 de junio de 2008 . México, D.F.]


  1. EMRI

    Azul y Oro

    De oro ya no tiene nada, es una lastima que un lugar que apuntaba a ser un sitio de placer, se haya convertido en un lugar de decepción.
    Lo único positivo, es la inteligente, aguda y entretenida reseña sobre este “restaurante Gourmet” de Ciudad Universitaria.
    Por el contrario resulta inverosimil, la ceguera, de los comensales habituales de dicho lugar, conducta generalizada de nosotros los mexicanos, nuestra famoso, “pues ya ni modo”, que alcanza hasta las más altas esferas de nuestro plantel académico.
    A menos que las experiencias sean diferentes, de cualquier manera nada va a cambiar, se seguira cobrando cubierto, algunas veces encontraremos unas enchiladas bañadas en mole frío con tortilla vieja. Para despues pedir tu pay de queso o tarta de manzana descontinuada y de postre una cuenta de manjar árabe.

    provechito

  2. juan ramon

    Por mis barbas!!! Esto nunca hubiera sucedido bajo mi gestiòn!!

  3. Concepción Moreno

    Dios mío, pero al menos, señor arqui, aprenda a redactar…

  4. Alexandro

    Sr Arqui:
    mi carácter de fan del restaurante azul y oro, no se refiere a que me dejo llevar por la fama del chef Ricardo Muñoz solamente, creo ser objetivo al decir que no existen muchas opciones para comer con calidad y con sabor en la ciudad de México.
    Mi experiencia personal en dicho restaurante siempre ha sido de buena a excelente y bueno hasta ahora y en los años que llevo comiendo ahí (casi 5) hay el pay de queso y la tarta de manzana, no se de donde saca usted que los descontinuaron , mejor hubiera inventado otra cosa, la realidad y a donde quiero llegar es que esto se nota mas de tintes políticos y por no pagar una propina justa por que para eso tambien se necesita cultura (mínimo del 15 %) (por que sabe que los meseros no solo viven de la propina la reparten con la cocina, la hostes, los cajeros , etc.
    Lo sé por que para pagarme la carrera tuve que dedicarme a este honroso oficio)
    solo se que es una perdida de tiempo leer lo que usted escribió que solo usted sabe con que intención lo hizo.
    sabe el chiste de aquel que iba en periferico y todos iban en sentido contrario?

  5. eduardo lucero

    Que en esta columna solo caben criticas destructivas, con metiras y mal intencionadas?

  6. A.E.

    KeEeEeEeEeEeEeE! Me K’e QuE esto 3s alg0 con tint3S Plitikos, si esta REching0nA esa kfeta! y ArRiVa LoS PuMaS PUTOOOOZZZZ! A GUEVO!! AvAjO El SiStEmA Me K-E!!!!!!!

  7. Comentarios para los que hacen comentarios.

    Cada uno de nosotros hace sus comentarios con el “libre” albedrío que nos recetaron nuestros padres desde el momento de nacer y con el “software” que hemos ido absorbiendo de nuestra sociedad, escuela o modus vivendi. Cada uno cree y/o piensa que cree en algo. El dulce para unos puede ser más o menos amargo para otros.

    Por ejemplo, alguien le puede ver tintes políticos a los ravioles con mole negro de Oaxaca y alguien puede criticar la redacción de otro cuando a leguas se observa que el que critica acaba de aprender a escribir. ¿Qué le vamos a hacer?

    Otro ejemplo válido de experiencias y creencias es aquel que hace referencia a una persona que ha sido maltratada desde su infancia y, al llegar al Azul y Oro siente que le sirven una comida para dioses y que le atienden bien (por lo menos no le gritan –“¡Y te lo comes!”); mientras a otra persona que desde su infancia ha comido excelentemente, puede ver el trato de los meseros, el tiempo de atención y el tema del sazón y de los postres como algo criticable.
    Por lo tanto, lleguemos a la conclusión de que, aquellos que deseen defender con su presencia, su buen apetito y su quince por ciento de propina (además del cubierto) la cocina del Azul y Oro, por favor, adelante. Aquellos que no, pasen frente a sus mesas para ocho personas y contemplémoslas vacías, saludando si es posible a aquellos comensales que encuentran la felicidad en las mesas para dos.

    Y para aquellos que deseen redactar con precisión, acérquence a doña Concepción Moreno.

    Todos en paz.

  8. EMRI

    Para el sr Alexandro, pues a menos que usted sea alguien distinguido o una persona con muy buena suerte, no se de donde saca que todavia existe el dichoso pay de manzana con helado de vainilla y pay de queso. ¡¡¡A los mortales se nos acabo el pay de manzana, tener que pedir que te cambien el platillo por lo rancio de las tortillas de unas enchiladas!!! afortunadamente se tiene lo posibilidad de comer en otros restaurantes, para poder distinguir la diferencia de servicio, sazón, y sobretodo el cuidado del prestigio.
    Por el propio bien de nuestra alma mater, hay que cuidar el prestigio que se ha ido ganando ¿No cree? y no quedarnos en nuestro ya acostumbrado conformismo. ¿No que somos la una universidad de numero uno de iberoamerica?, seamoslo en todo, y si , !Arriba los pumas!

  9. eduardo lucero

    que bueno esta esto

  10. adriana orozco

    me consta que el pay de queso existe y el pay que dicen existía hace un año y medio (el cual compraban en costco y dice su refinado gusto que era el mejor del mundo)fue sustituido por una deliciosa tarta de manzana bañada en caramelo.
    pruebenlo en realidad si uno quiere cosas baratas va a recibir cosas de mala calidad y de eso hay muchas pero muchas opciones.
    y en efecto van a recibir algo justo por lo que pagan y sin dejar propina
    por que no ir a comer con una buena disposición si ustedes saben un lugar donde se coma mejor que en azul y oro y a ese precio mencionenlo. no por que este en la unam tiene que ser una prestación universitaria, azul y oro es justo y mas.
    ese que va a comer a perisur(que esas crepés en verdad son malas y caras) seguro hasta sabe dar propina.

  11. Roberto Guzmán

    Ay , la gentecita linda de la UNAM siempre defendiendo sus colores, linduras!

  12. Marospola

    Será el sereno, yo no conozco el restaurante aunque lo andaba buscando para ir por un chile en nogada que dice la revista Chilango que es muy bueno. (salvo que yo trabajo en una revista y la reseña de los restaurantes puede cambiar de excelente a nefasto dependiendo de los obsequios del restaurante).

    Cuando menos el arquitecto que escribió su reseña puso su nombre completo y todos los defensores a ultranza de los pumas (no entiendo qué tienen que mezclar la enseñanza con la comida, pero en fin) sólo firman con seudónimos.

    Saludos

  13. Raul, de Argentina

    Por favor, sepan disculpar la falta de acentos y letra enie.

    Lamento haber leido comentarios negativos sobre el restaurant Azul y Oro. Sobre el mismo, solo puedo decir que tuve la muy grata experiencia de haberlo disfrutado en algunas oportunidades, visitanto Mexico DF en 2003. La carta (o menu) me parecio excelente, muy cuidada, al punto de contribuir al acerbo cultural de la gastronomia mexicana. La atencion fue excelente, y lo mejor de todo, es que pude conocer al Sr. Ricardo Munoz Zurita, quien supo ilustrarme con total generosidad sobre comidas y bebidas mexicanas.
    Considero que detenerse en detalles minimos es como mirar el arbol y no el bosque. En Azul y Oro ustedes poseen una pieza valiosa de la cocina mexicana. Aprendan a disfrutarlo.
    Mis saludos y respetos a quienes lean este mensaje.

  14. regina

    Lei tu comentario porque queria yo ir a comer al Azul y Oro que me lo recomendaron mucho, pero en lugar de eso, te recomiendo yo a ti y sobre todo si tienes invitados extranjeros un restaurante que se llama Santa Sabine que esta padrisimo. Tienen una comida mexicana realmente diferente y deliciosa y el lugar es precioso. Deberias darte una vuelta a conocer, te va a encantar. Se encuentra ubicado en Desierto de los Leones esq con Ave. Toluca, muy cerca de la UNAM. Realmente vale la pena.
    saludos

  15. adriana orozco

    y se murieron los comentarios

  16. Cristian Yáñez

    Dejemonos de argumentos vacíos…Azul y Oro es una verdadera porquería!!!

  17. adriana orozco

    definitivamente ese cristian yañez es una verdadera porqueria.como si yo me llamara christopher perez

  18. luis

    juegan a ser snobs chafas!!! este lugar no deberia estar en c.u . caro y malo ,deberia estar en la condesa!!!! no es la escencia de la unam. azul y oro

  19. Memo

    No he leído todos los comentarios pero vi algunos, la verdad no es mi intención entrar en polémica pero hoy precisamente fuimos a visitar el MUAC y antes de entrar fuimos a comer al restaurante que mencionan. Este restaurante ya nos lo había recomendado un amigo, en verdad me sorprendió lo bueno de la comida, es realmente un privilegio para la gente que trabaja en los alrededores tener un espacio de tan buena comida. Si es un restaurante que pudiera estar en cualquier parte de la Condesa, de Polanco, de San Angel, o donde sea, realmente es de muy buena calidad, no sabía quien era el Chef pero realmente me parecio muy bueno. La verdad es muy barato si nos basamos en la calidad de los alimentos. Es un pena que no habrán en la noche para poder disfrutar una buena cena saliendo de algún concierto o algo similar.

  20. Berenice

    Ayer fui a comer al Azul y Oro y tnego que decir que estoy en total desacuerdo con su columna. La comida me pareció más que genial, y el servicio bastante bueno. Tuve que esperar uno 15 min para pasar a la mesa pero el saber de los “ravioles de pato” valieron la pena. Y los precios, ni hablar de ellos. Crepes & Wafles es muy rico, pero no tienen punto de comparación siendo el Azul y Oro comida de autor y el C&W no.

  21. nina

    he acudido a comer al Azul y Oro despues deun buen concierto exquisita la comida los potres ua delicia le comente a mis compañeros de la Unam que nos encontamos ahi en la sal nezahuacoyotl que el Gerente un tal Lucero trataba muy mal a los trabajadores de este Restaurant Chef Ricardo acaso ya esta aplicando la nefasta Ley laboral contra sus trabajadores acuedese que el conjunto de ellos lo llevan al exito o al fracaso nosotros somo abogados laboralista sindicalista y no quisieramos darles algunos consejos a sus trabajadores atienda su gente con ellos labora dia a dia

  22. Marina

    Ojalá lo hubiera sabido…. Jamás volveremos al Azul y Oro
    Hoy 28 de marzo de 2009 fui con mi familia a comer al famoso restaurante-cafeterái Azul y Oro en el CCU para celebrar el cumpleaños de mi sobrina. Ojalá hubiera sabido que la fama no garantiza la calidad. Seis de nosotros pedimos pato en sus distintas presentaciones. Llegaron las pechugas de pato casi veinticinco minutos después de las entradas (eso sí, las cremas muy buenas) frías, sanguinolientas al grado e teñir el frío arroz blanco servido de guarnición, y bañadas con una salsa de mango insabora. Cuatro de nosotros regresamos los platos solicitando que las pechugas fueran mejor cocidas y tres minutos después regresaron aún más frías. Con malicia pensamos que éstas ni siquiera pasaron de la barra hacia la cocina y fueron regresadas tal cual. Mi madre aferrada volvió a regresar su platillo a la cocina para que el pato fuera mejor cocido y como burla, éste volvió a regresar más frío y más duro. Tras el fracaso, dos de nosotras medio cortamos la carne dura, con grasa y fría, no pudimos comerla. Pedí hablar con el “gerente”, quien reacio tardó en llegar a nuestra mesa, pero vino. Nos dio una explicación técnica sobre la naturaleza de la pechuga de pato, del por qué estaba dura, grasosa y cruda, pero no incluyó en su cátedra el por qué la carne estaba desde el principio fría.
    Es decir, amable lector de esta inútil reseña, no pude entender por qué un restaurante que es recomendado como uno de los 100 mejores de la Ciudad de México (!Beteta date una vueltecita por el Azul y Oro!) no mantiene el nivel de calidad que uno espera de un restaurante así. Pero menos entiendo por qué uno pide hablar con un “gerente” para explicar la situación, exponer la queja, y uno es el que resulta estar equivocado por su ignorancia sobre el hecho de que la pechuga de pato se sirve grasosa, fría, dura, etcétera, etcétera. Sin mayores disculpas, sin lógica de exposición, sin pudor, sin ganas de servir al cliente. En fin, recordé un programa llamado Hell’s Kitchen, en el que un verdadero Chef revisa, prueba y aprueba o no la salida de los platillos hacia el comensal. Si éstos carecen de calidad en alguno de sus elementos, lo regresa, lo tira a la basura, lo avienta al chef aprendiz y lo %#$”"?#%&#!¿ porque su cocina es sagrada, porque su nombre no puede desprestigiarse, porque el cliente comensal merece recibir la calidad que está pagando. Cierto o ficción lo que pasa en Hell’s Kitchen, ojalá los chefs mexicanos cuidaran su nombre y la calidad de su cocina.

    Bueno, estimado lector de reseñas inútiles, le recomiendo NO ir al Azul y Oro, no le vayan a dar mala comida a precio de oro.

  23. Jacqueline

    He visitado en continuas ocasiones el Azul y Oro y a decir verdad es cuestión de suerte el que te atiendan bien y que la comida esté buena. Un restaurante con tanto “prestigio” y precios tan altos debería prometer veladas más afortunadas. Los precios serían razonables si la comida tuviera realmente una buena calidad en vez de tener platillos mal servidos y una no muy buena atención.

  24. Luis Fernando

    Pues la verdad siempre tuve ganas de ir a este restaurante porque lo vi recomendado entre los 100 mejores de la Cd de México y siempre pasaba por ahi cuando iba a la OFUNAM, pero pues cuando fui un domingo, había muchas personas y ya cuando porfin entre con mi familia todos pedimos pato para comer, resulta que se tardaron como 30 minutos en traerlos a la mesa y por si fuera poco, se suponia que era pechuga o “magret” de pato lo cual tenía un chingo de cueritos; no era la primera vez que comia pato, en una ocasion lo comi en el restaurante por plaza Loreto llamado Alaia y la verdad lo que me sirvieron ese dia en Azul y Oro no se acercaba a lo que debe de ser ( caliente, solo pechuga, bien cocido).
    Es descepcionante saber como es que existe este tipo de atención en Cd Universitaria en uno de los supuestos 100 mejores restaurantes de la Cd de México, yo por mi parte quisiera pensar que en su momento cuando apenas abrieron el restaurante y estaba atendido por sus dueños y chefs originales , era bueno y se hizo de su fama, pero ahorita que contratan a cualquier “gato” que sepa de la cocina, su calidad fue bajando gradualmente hasta llegar a lo lamentable.
    Cualquiera que lea este comentario mi sugerencia es que si aun asi desean ir a checar la calidad del restaurante, lo hagan en un dia entre semana y no pidan pato, si aun asi lo hacen y no cumplió sus expectativas, no duden en devolverlo y reemplazarlo.

  25. Roberto Arreola

    Me gustó la reseña. Felicidades por sus amenos comentarios Arquitecto Escalante.

    También me gustó el libre albeldrio. Es bueno que se diga lo bueno y lo malo. En mi opinión, he comido rico y he quedado más que satisfecho con el sabor, la presentación y las porciones del restaurant Azul y Oro. Sin embargo, no puedo decir lo mismo de los precios que se me hacen caros para el tipo de servicio, del cual estoy de acuerdo con Jacqueline, es cuestión de suerte. Los meseros me han atendido amablemente y hasta me han hecho plática, pero también me han tratado con algo de desdén y mal encaro. Y eso de “la mesa para ocho personas2 que por ahí alguien comenta, también lo presencié: una familia de seis tuvo que irse porque les faltaron dos, para comer apretados. La mesa estuvo vacía hasta que me fui.

    En fin ¿probaron el menú de mango?

    RoB

  26. monika

    Hoy fui al Azul y Oro, con descontentó he de comentar que tambien quitaron de la carta un excelente postre: pedacito de cielo, un delicado pastel de almendras que literalmente te llevaba al cielo.

    Yo traté de consultar con el chef-propietario Ricardo Muñoz, ¿porqué quitaron de la carta tan deliciosa dulzura? pero el hombre simplemente andaba muy ocupado.

    Del resto de lo los platillos no hay queja alguna al contrario son una verdadero manjar mi menu fue: consome, ensalada de manzana, frutos secos y queso de cabra, ravioles fritos de pato y chocolate de agua.

    Definitivamente delicioso!!!1

  27. Mephidross

    Hey puedo trabajar ahI!? jajaja!

  28. MrZombie

    Pues yo creo q el tipo q escribió esta reseña y algunos otros no tienen ni al menos un poco de cultura gastronómica. Ya que siempre hay gente quejandose, q el servicio… q los precios… q si el pay de manzana… por mis barbas!!!… Hay q tomar en cuenta q un negocio tiene q renovarse, es por eso q quizá desaparecieron algunos postres… pero aparecieron otros, no siempre hay q pedir lo mismo… en cuanto a mi opinión… pues en el Azul y Oro… siempre he sido bien atendido, y si han existido algunos pequeños detalles q no me han gustado… tengo la amabilidad de entender q no es fácil ser cocinero, mesero o chef… y bueno… yo creo q es cuestión de cultura… pero yo quiero formar parte de AZUL y ORO.

  29. Augusto

    Qué desafortunado comentario del señor Zombie. Habla de cultura y el ‘que’ lo escribe con una ‘q’. ¡Bravou! ¡Bravou! El espíritu universitario es enriquecedor por la capacidad de crítica. Al señor no le gustan las críticas pero abiertamente lo hace con todo aquél que no opina lo mismo del Azul y Oro.

    Dice: “pero yo quiero formar parte de AZUL y ORO” como si fuera un ‘club’, ¿qué está tratando de compensar? ¿Alguien digo psicoanalista? Deje de abusar de los puntos suspensivos, cómprese un libro de gramática y luego hablamos de cultura.

  30. En un afán de evitar que la crítica se desvíe en un decadente nivel, he tenido -por primera vez- que censurar los dos últimos comentarios.

    (Direcciones IP: 201.103.233.25 y 189.253.40.105).

  1. 1 *REVISITA: Reseña del restaurante / cafetería Azul y Oro :: UNAM « Días Grises

    [...] pero como decía Marco Polo la memoria es redundante. Así es, hemos decidido volver a la “crítica del restaurant / cafetería Azul y Oro en Ciudad Universitaria”. Aunque no he vuelto ya -físicamente-, varios comentarios colocados en este espacio lo [...]




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