Hace poco más de dos años Paty (una amiga colombiana que estudiaba en aquél entonces su doctorado), me comentaba lo impresionante que resulta salir del aeropuerto en México y percibir el olor a drenaje de inmediato. -¡Toda la ciudad huele a drenaje!-. Es cierto, toda ciudad tiene un olor característico.
Al llegar a Beijing, el primer olor que percibimos en sus calles, fue el olor a arroz. Aunque con los días -y en los distintos distritos de la ciudad- era un olor que tendió más a la comida. Dicho olor impregnaba la ropa de todos sus habitantes.
Diferente al olor de Xi’an (otra ciudad que también visitamos) donde se percibía más la ‘hierba quemada’ y un tanto ‘la basura’ (al menos en su distrito histórico).
Aquella noche mientras salíamos del aeropuerto, al mismo tiempo que observábamos altos edificios ocultos entre la bruma, con grandes y rojos caracteres iluminados moviéndose en el paisaje, el olor fue entre lo primero percibido.





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