
Hola a todos, un saludo desde nuestra ventana.
William Gibson dice: “[...] la verdad es aun más rara que la ciencia ficción.” Es cierto, a menudo la literatura, la música, y otras tantas manifestaciones parecen tomar a la naturaleza (la trastocada y la no trastocada) como punto de partida. A veces también parece que logran contenerla/interpretarla de un modo tan certero y atinado, que estremece.
A un hombre, probablemente le lleve toda una vida escribir su más entrañable obra maestra.
Y sin embargo, nuestro mundo, sus leyes físicas y otras -quizá- desconocidas, lo hacen en cada segundo.
Las nubes, su movimiento, el sonido del viento, la gestación de cada ser vivo y no vivo. Es estremecedor.
Hablemos ahora de la estrellas.
Hace mucho tiempo, ayudaban a los viajeros en medio del océano a vislumbrar el rumbo.
Eran la orientación y la guía. Las constelaciones eran vistas religiosamente, y no es de extrañarse, puesto que su vida dependía de ello.
Hoy, en la era de las comunicaciones ‘instantáneas’, no es gratuito que el canal de televisión abierta de este país (México) se le llame ‘el canal de las estrellas’. Como tampoco es gratuito que a los residentes de Beverly Hills o Malibú, allá en California se les llame también ‘estrellas’. Son ellos los nuevos puntos de ‘referencia’ y orientación. Y gracias a la masiva transmisión de eventos alrededor de nuestro globo, sus vidas ( no importando cuanto de ordinario o extraordinario sean ), llegan a nuestros oídos y ojos como el mejor de los venenos, casi imperceptible.
Ante ello, un sector de la población comienza a conducir sus vidas desde una temprana edad, en torno a estas referencias. Sus futuras aspiraciones, probablemente nutridas por un núcleo familiar que también creció con las mismas debilidades. Primera señal del ‘no ser’.
Un comportamiento enfermo, aunque siendo la enfermedad ya de la mayoría, los ‘cuerdos’ se convierten en los no cuerdos, en los locos. Primera señal de la segregación, la identificación de la locura. Y después, la intolerancia.
Hace no mucho, muy cerca de mi casa existía un amplio campo, donde -ya de regreso- poco antes de que la luz se fuera, podían verse los más increíbles y multicolores atardeceres. Hoy construyeron un centro comercial, y la luz de tarde ahora dice ‘Wal-Mart’. Uno se siente mal, ultrajado, despojado de lo que era nuestro, pero ¿qué es lo nuestro?
En todo el mundo se extiende el imperio de las grandes corporaciones, no puede detenerse. Una de ellas es el cine. Mientras otros viven de la sed y el hambre del cuerpo, el cine lo hace con la sed de la mente, con los sueños. Nuevas generaciones que sólo leen su teléfono móvil y recurren a un prefabricado filme, para encontrar algo de sentido en sus vidas, mismas que conducen a partir de dichas constelaciones. Un escape.
Pero llega un momento, en que se repara en este vacío, en que se percibe la poca permanencia de nuestro cuerpo, la volatilidad del tiempo, quizá inevitable consecuencia del envejecimiento. Esa generación de adultos que nunca creció.
Un ejemplo claro de ello (pero no exclusivo) es el uso de twitter. Veo a una generación que por un lado trata desesperadamente de reafirmar ‘lo cotidiano’. Bien, de ahí la genialidad de Will Hoffman y sus ‘momentos’.
Sin embargo, descubrir la magia de otras profundidades, después de una vida en la superficie no es fácil. Por eso dicha reafirmación, fracasa finalmente y se convierte en la patología de los que no son. Con las pruebas de sus actividades diarias, tratan de reafirmar que en efecto viven en este año, en este día, que no les olviden. Que no han sido educados como ganado, que son individuos. Pero ¿cuánto tienen de extraordinario y singular sus pequeños, grandes o miserables problemas y alegrías?
Muy poco.
Por eso recurren entonces con alguien ‘extra-ordinario’,
pero ¿en dónde lo encuentran?
[ ¡he aquí la clave! ]
en sus tristes constelaciones.
En este perverso fetiche, no resulta sorprendente quiénes tienen el mayor número de ‘followers’. Si no pueden encontrarse en lo que hacen día con día, viven entonces la vida de ese otro que anhelan ser, pero no son ni serán. Esa gente que no.
( fotografía de W. Gibson por David Aillet )




Noviembre 18, 2009 at 3:27 am
con una frace en especifico , recerdo miles de personas-cliche, que pasaron por mi vida, de una forma y otra,
[esas personalidades chupa-almas] peronas y sucesos,
Noviembre 18, 2009 at 7:13 pm
Cierto, es parte de un proceso. El problema -creo- reside cuando uno no abandona a dichas personas; entonces sí, queda uno atrapado.