Yo conozco a un genio. Es un tipo delgado y muy raro que vive en el norte de la ciudad, Donde antes había un pastizal y de ello, sólo quedan ahora las vías de trenes que tiempo atrás habrían despertado en él sensibles y sorprendentes ideas. Ideas fantásticas que a diario desecha, condena y decide ignorar para continuar caminando sobre otras.
Y aunque él a veces aparente pasar por largos territorios grises, su conversación siempre ha desatado -en lo personal- las más profundas reflexiones en torno a nuestro hacer, a nuestro ‘estar’ o bien a nuestro ‘ser ahora’. A ese cuestionamiento constante. A ese desafío que es cambiar los lentes, como los que él utiliza, de pasta negra (nada esbelta).
Bien, aunque siempre se ha denominado un ‘indigente virtual’ (o digital), finalmente nos presenta a ‘La Escalera Verde’ como una suerte de bitácora. Su redacción es rápida, sin respiración, como su conversa [palabra que confieso, he robado].
En fin, larga vida a ‘La escalera verde’ y lo consecuente.
“La pregunta es ¿Cómo volar? si un ave lo hace con sus alas, los insectos de igual forma, el vuelo mecánico por acción del viento elevación aerodinámica, ¿cómo lo haría un hombre? ¿Cómo volaría Superman? Es indiscutible que es ficción, pero si fuera eso real, ¿Qué músculo respondería a dicha acción? Es increíble pensar en la posibilidad de volar, quizá la levitación sea la respuesta más exacta; el esfuerzo mental sería el que eleva a Superman, esa fuerza que recorre todo el cuerpo. La dificultad es como hacer correr dicha energía por el cuerpo…en los sueños puede ser posible esta acción pero aún en un territorio onírico la dificultad en hacerlo tiene que ver con nuestros miedos…”
Después de casi dos años, volveremos a impartir un curso de flash, con un énfasis específico a la publicación de contenidos académicos en la red -principal interés después de todo-. El curso tiene una duración de veinte horas aproximadamente, los días jueves de cuatro a seis de la tarde. Se encuentra dirigido a estudiantes de la UNAM.
Ahí nos vemos.
Mayores informes y website del curso: http://www.realitat.com/cursoflash09

Al noroeste de Pekín, existe un lugar llamado “el palacio de verano”, que en el verano -naturalmente-, rodeaba los días de cierta emperatriz. Este gran parque rodea la periferia de un lago, y además del conjunto principal, pueden encontrarse pabellones, puentes y pequeños claustros distribuidos a lo largo del recorrido. Es formidable.
Este sitio quizá, podría ilustrar de un buen modo la cultura de aquél gran pueblo. Lo monumental de ciertos espacios en armonía con lo natural, con el paisaje y el buen respiro. Pero también revela toda la fuerza -y probablemente vidas- que tomó construirlo, para el disfrute -en aquél entonces- de unos cuántos. Qué poco cambian las cosas.

De cualquier modo, lo que quiero compartir es un detalle muy especial. Hemos dicho que a lo largo del recorrido periférico se encuentran fuentes y pequeños pabellones. Lo singular aquí, reside en que dichos lugares son concebidos a partir de poemas, o pequeños fragmentos de ellos.
De este modo al recorrer el parque, uno percibe cierta línea de conducción, a pesar de efectuar un recorrido aleatorio. La experiencia se presenta como un acontecimiento que -aún sin saberlo-, asemeja en buen medida una lectura de esta naturaleza. Cada sorpresa, cada giro.

Esto -por acá- viene a tener un énfasis más importante, cuando al interior de nuestro posgrado en arquitectura -en una de las mejores universidades de habla hispana-, se tiende a ver a la literatura como una disciplina totalmente alejada del ‘quehacer’ arquitectónico (salvo muy honrosas y felices excepciones); e incluso dicha relación no se ve -en ocasiones- sin cierto carácter peyorativo. Es triste.
Mucho tiempo atrás, la sabiduría de aquella milenaria cultura les habría llevado a construir este lugar, primero, con las palabras.

[primera fotografía de este post, tomada por: Mariana de J. Escalante]
Hace poco más de dos años Paty (una amiga colombiana que estudiaba en aquél entonces su doctorado), me comentaba lo impresionante que resulta salir del aeropuerto en México y percibir el olor a drenaje de inmediato. -¡Toda la ciudad huele a drenaje!-. Es cierto, toda ciudad tiene un olor característico.
Al llegar a Beijing, el primer olor que percibimos en sus calles, fue el olor a arroz. Aunque con los días -y en los distintos distritos de la ciudad- era un olor que tendió más a la comida. Dicho olor impregnaba la ropa de todos sus habitantes.
Diferente al olor de Xi’an (otra ciudad que también visitamos) donde se percibía más la ‘hierba quemada’ y un tanto ‘la basura’ (al menos en su distrito histórico).
Aquella noche mientras salíamos del aeropuerto, al mismo tiempo que observábamos altos edificios ocultos entre la bruma, con grandes y rojos caracteres iluminados moviéndose en el paisaje, el olor fue entre lo primero percibido.

Hola a todos. Escribimos ya desde el dos mil nueve, y uno comienza a preguntarse qué ocurrió en estos dos meses, durante los cuales este sitio no se actualizó.
Bien. Fueron varias cosas. A inicios, un profundo desánimo por el deterioro nacional/cultural/económico en el que vivimos, mismo que se trasladó al deterioro al centro de nuestra universidad -y de ahí el previo manifiesto-.
Pero después, uno termina luchando por que todo ello deje de afectar el entusiasmo, nuestro trabajo y así los días.
Aunado a ello, a fines del año pasado tuvimos la oportunidad de hacer un viaje hasta el lejano oriente. Siendo específicos estuvimos por Pekín y sus alrededores por casi tres semanas.
De este viaje, se detonaron ciertas reflexiones, que ahora compartimos en este ‘blog’ a modo de ‘apuntes’. Son ideas que probablemente formen el cuerpo y corazón de otros textos. Pero ante la inmovilidad decidimos actuar.
Titulamos pues, a esta serie de reflexiones/ideas/mensajes cortos/curiosidades como: “Sombras de la China” ( 從 中 國 的 陰 影 ) -en honor a aquél formidable material sonoro-. Se hará en varias entregas, -algunas breves y otras menos- que ayudarán a construir una imagen cercana a la que ahora permanece en nuestra memoria.
Y como nunca es tarde, yo les deseo lectores, que este dos mil nueve sea un buen inicio y excusa para renovar nuestros ánimos, como recién comienza por estos lados.
Un saludo, un abrazo.
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Este manifiesto fue escrito en un triste y reducido cubículo de ventanas altas en Ciudad Universitaria (UNAM), devenido sobre Tlalpan y con residuos de lo que uno cree visto desde el siempre parcial puesto de observación. Así lo sentimos, así hoy lo vemos.
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Estudiantes que no estudian
profesores que no enseñan
individuos no haciendo lo que desean
lo que sienten
si es que sienten
que no están ni sueñan
maestros perdidos dan clases de cartografía
daltónicos, del color
analfabetas, de literatura
frustrados, de psicología
y muertos, de la vida
sujetos cobardes
sujetos con miedo
sujetos muertos
intereses mezquinos
mala fe
buena fe que nadie cree
traición
ceguera
y fraude
sujetos extraordinarios que se van
gente ordinaria que permanece
gente nefasta para soportar la guerra
gente ordinaria para hacerla
gente buena que claudica
gente apocada que abandona
gente olvidada en lo marginal
gente diferente en la periferia
gente común que llena los silencios
gente frecuente que sobrevive su trabajo
gente en las oficinas de siempre
que alguien les dé una puerta de salida
a esos pasillos cansados
a esas ideas vacías
y enfermas aulas
enfermos textos
viejas palabras
enfermo tiempo
desperdiciado
derramado
perdido
olor fétido en las palabras
en los enunciados
las oraciones
autores que escriben panfletos que nos analizan
panfletos que nadie lee
panfletos inútiles
panfletos del fracaso
panfletos devoradores de bosques
nauseabunda hipocresía
mediocre gente
mundo que se destruye
ciudad que se pierde
ciudad que se ahoga y ahoga a sus habitantes
recesos crueles
tráfico de viernes
tráfico de sábado
tráfico de armas, drogas y personas
soledad de domingo
rutina que no se detiene
tristes lentes
cielos y constelaciones olvidadas
poblaciones exterminadas
espectaculares por todos lados
aviones cayendo en llamas
epilepsia colectiva
miopía colectiva
amnesia colectiva
tristes guerras
bocinas que suenan
sirenas que se quedan
cambios imposibles de carriles
distimia que nos duerme
distimia que nos separa
distimia que nos pierde
absurdas luces de semáforos
calles que eran ríos
ríos estancados
ríos de concreto
ríos de metal
ríos de vómito
vómito de autos
humo de su escape
humo que impide el nuestro
humo nos rodea
humo nos limita
humo nos penetra
humo que respiramos
humo va cambiando la piel
cambiando su olor
cambiando su color
cambiando su textura
cambiando nuestra ideas
nos hacemos grises
de autos grises
y ánimo gris
pensamientos grises
y computadora gris
casas grises
y asombro gris
tabiques grises
y futuro gris
historias grises
y escuela gris
salones grises
de maestros grises
con alumnos grises
medio muertos
medio vivos
medio faltos
de lo necesario
de lo imprescindible
del aire
todo a medias
a medias todo
a medias los esfuerzos
a medias las pasiones
a medias los refuerzos
a medias las sesiones
a medias los cambios
a medias las clases
a medias los horarios
a medias los andares
a medias los calendarios
a medias sus festejos
a medias sus fiestas
a medias sus momentos
a medias sus cenas
y a medias lo celebran
poco a poco cada día
no a medias lo contagian
deficientes pretendiendo
disminuidos sonriendo
conformes infelices
ingenuos prisioneros
cobardes cautivos
asesinos indigentes
no les quiero.
Juan Manuel de J. Escalante
[ 6 de noviembre de 2008, Ciudad Universitaria, México, D. F.]
[ Esta casa ] es una canción que grabamos y escribimos hace ya casi un par de meses. Y habla pues, de una casa en la que vivimos durante un largo tiempo en cierto oscuro continente. Ustedes saben, entre batallas internas y episodios de destrucción habíamos decidido no publicarla. Pertenece a un material no publicado de nombre “canciones de ventanas”. A varias semanas vista decimos: -¡qué más da!-. Veamos que les parece, estimados lectores.
Este mes se cumplen dos años de la muerte del escritor y pensador español Sebastián Dejá. Su muerte dejó -en lo personal- un profundo vacío que hasta hoy continúa permeando cada día. Un sincero maestro, una guía y un punto de referencia. Recuerdo con alegría las distintas -e inéditas- minificciones que nos permitió publicar en Realität meses antes de aquél trágico evento. Hoy lo recordamos.

De vez en vez, ciertos habitantes vienen a reunirse en aquél sitio; probablemente debido al placer único que despierta el sentirse acompañado, después de tantos años de soledad.
De la serie “Estudios de arquitectura imaginaria”.
¿Cómo les va estimados lectores? No acostumbramos volver a ‘posts’ anteriores pero como decía Marco Polo la memoria es redundante. Así es, hemos decidido volver a la “crítica del restaurant / cafetería Azul y Oro en Ciudad Universitaria”. Aunque no he vuelto ya -físicamente-, varios comentarios colocados en este espacio lo merecen.
NOTA PREVIA: Si usted estimado lector, no ha leído la anterior reseña, le invito amablemente a hacerlo.
Así entonces ¡comenzemos!
En primera instancia quiero agradecer a aquellos que participaron con sus opiniones, gracias a ellos nuestra crítica ha alcanzado los siguientes resultados:

Bien. Reparemos en lo siguiente: ¿qué hubiera sucedido hace un par de años? A uno le habrían tratado mal en algún lugar, y -salvo de tener acceso o influencia en algún medio de comunicación de gran alcance-, todo habría quedado en el olvido. Ahora es diferente, puesto que cualquiera tiene acceso a nuestra reseña, con una sencilla combinación de palabras en los motores de búsqueda más importantes de la red -por ahora-. Y eso es genial, por que la voz de las minorías, nuestra voz puede ser al fin escuchada. Ante esta gran posibilidad habría de esperarse un trato y servicio equilibrado en cualquier establecimiento, puesto que uno (como dueño o gerente) nunca sabría que comentarios positivos o negativos podrían terminar en la red. Entonces, ¿qué remedio nos quedará? Hacer del mejor modo posible nuestro trabajo.
Como diría Benjamin Parker, “[...] todo gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Y aunque la información con la que uno cuenta siempre es limitada y parcial, traté de escribir una crítica mesurada del lugar al que frecuentemente acudía desde el 2004 (ya no), podríamos decir que tenemos cierto conocimiento de causa. Hubo otros aspectos negativos que preferí omitir, pero también otros positivos que fueron incluídos como ‘el agua de melón’ o el ‘tamalito de frijol’.
Existirán serias diferencias de opiniones y eso es genial, puesto que el nuevo lector entrará a este sitio, leerá la reseña, sus comentarios, decidirá si visita o nó el lugar y al final tomará una postura. Y aún mejor, la publicará en la red. De este modo si la antigua reseña les pareció ‘parcial y políticamente oscura’ entonces habrá otros corelatos que se acerquen más a la realidad que algunos ven -de ser así-. Pero existirá un precente y eso lo celebro. Por este motivo muy tentados estamos de escribirla en inglés.
De cualquier modo, buscando por la red encontré esta otra breve reseña de Sybil que sería conveniente leer (de la antigua sede). Sybil es una persona que hasta ahora tiene más de 117 breves y largas reseñas de diversos sitios del mundo que ha frecuentado. Pero adelanto el resultado: coincidimos en el buen sabor del agua de horchata, de tres platillos que probó sólo uno le gustó, uno le fue casi indiferente y el otro le decepcionó, ¿alguien no está de acuerdo? ¡Pues a escribir su propia reseña!
De cualquier modo, siempre es bueno -y se disfruta- dejar caminos alternativos y es por ello que decidimos escribir otra crítica que les invito a leer, acerca de un lugar que ahora disfrutamos. En los comentarios Regina nos recomienda “Santa Sabine” en Desierto de los Leones y esquina con Av. Toluca. Habremos que ir. Y ya encarrerados “El rincón de la Lechuza” sobre Miguel Ángel de Quevedo casi esquina con Insurgentes sería también recomendable.
Como dirían en Nitokami, todos en paz.
Buen Provecho.








