Días Grises

[ otro armario solamente ]

Coachella // Reseña o algo parecido 2007 – 2008 – 2009

with 2 comments

En el dos mil siete, un buen amigo nos invitó a Coachella, él llevaba asistiendo varios años y se había convertido en una suerte de gurú en estos temas.
Tenía usualmente las precisas recomendaciones y así felizmente iniciamos la semi-aventura que habríamos de repetir otras dos veces consecutivas.
Por algún motivo, al regreso dejamos de compartir lo ahí experimentado y he aquí entonces el momento de hacerlo.
No olvide el lector que vivo en la Ciudad de México, donde -hasta donde me han dicho- he nacido. Este punto de observación, determina radicalmente la perspectiva.
El campo de polo y resortes de la palma
La luz de Palm Springs y Coachella es diferente. Es clara, y produce en los objetos una coloridad peculiar. Es muy intenso, y acompaña felizmente  la intensidad propia que se vive en el festival. Cosa que no sucede -por ejemplo – en Lollapalooza o -supongo – en Glastonbury.
El ‘Empire Polo Field’ esta rodeado por altas palmeras, que contextualizan los otros escenarios. El principal escenario, no está en las carpas o los dos exteriores, sino en todo el campo. Y uno está ahí. Se siente bien.
Del centro de las cosas
El año pasado (2008) cuando Roger Waters dejara volar su inflable porcino, uno se encontraba obligado a mirar al cielo. Al mismo tiempo reflectores en la periferia del campo creaban intensas líneas blancas en el firmamento, y uno sentía que estaba en el centro del mundo.
Es estremecedor.
* De lo memorable
La voz de ‘Man Machine’ de Kraftwerk provocaba escalofríos, la voz de Björk, la claridad del sonido de Portishead y sus verdes tonos.
Fue estremecedor ver a Leonard Cohen iluminado (literal y no literalmente) mirando al cielo mientras cantaba, anunciando el fin del mundo. Parecía un profeta, un loco, y sin embargo tanta gente escuchándolo en silencio con profundo respeto.
Y aunque pareciera misa, en Hallelujah, cantó:
“I’ve told the truth, I didn’t come to Coachella to fool you”.
En aquél mismo escenario, Damien Rice tocaría dos años antes “the professor & la fille danse” al inciar su participación, era inevitable que los ojos se nublaran por momentos.
* “A long way just to hear music…”
Al mismo tiempo, otros personajes tuvieron experiencias distintas. Regina Spektor, a medio set decía “[…] este es mi nuevo sonido…” para escuchar, uno o dos segundos después un enorme feedback. Irónico.
CocoRosie, una de nuestras personales predilecciones para el  dos mi seis, tuvo tantos problemas de audio que al finalizar, Bianca Cassidy aventó el micrófono al suelo.
Damien Rice por otro tipo de problemas, ese mismo año terminaría tocando sólo quince minutos.
Ahora, este año (2009) además de Cohen, nuestro referente principal era Antony Hegarty. Lamentablente tuvo tantos problemas también de sonido, que su set se vio interrumpido ante su desesperación por lo mediocre. Ante la ‘dependencia’ de un sujeto que no quería o entendía las indicaciones para mejorar el audio.
Resulta frustrante recorrer tan largo camino, para que uno de los momentos más esperados, se vea trastocado por este tipo de problemas.
Lo cual nos lleva al siguiente punto.
* De las contribuciones
No cabe duda que la vivencia en Coachella es totalmente diferente a otro festival. La luz, el campo de Polo, la temperatura. Pero uno se termina cuestionando, al pagar el boleto, al comprar playeras y memorabilia, ¿a qué estoy contribuyendo? (Al escribir reseñas incluso).
Genial por aquél país, por sus nuevos -quizá poco conocidos- músicos. Pero, ¿qué hay de nosotros? ¿Qué hay de esa otra escena que en México permanece oculta dado a un prejuicio contra su propio idioma? Contra su color de piel, contra su historia, contra su clara desventura económica.
Ello fue evidente cuando en este dos mil nueve, en medio ‘set’ de Etienne de Crecy y su impresionante cubo, una bandera mexicana ondeaba pese a los abucheos de muchos, puesto que interrumpía la proyección en ciertas partes del set. Lo cual nos lleva también a la siguiente pregunta.
¿Por qué forzosamente tiene uno que reafirmar su aceptación en aquél sitio de vencedores, para entonces obtener valía en este otro de vencidos?
Yo sé por qué.
* De la basura
Nunca estuvimos de acuerdo con el término ‘fan’ o ‘fanático’, propio del fanatismo. Fanáticos, aquellos de la inquisición, y ya vimos a dónde eso nos llevo. No. Pero bien, algunos ‘fanáticos’ (literalmente), que se encargan de replicar las noticias en su nicho de influencia, celebran la inclusión de un grupo mexicano en el ‘lineup’ anual.
Pero -o no lo saben, o prefieren ignorarlo-, pero en Coachella hay miles de mexicanos. Son hombres invisibles o bien, que nadie quiere ver. Sin embargo aparecen mágicamente para recoger una basura o botella mientras dura el festival, uno nunca sabe de donde o como aparecen, pero ahí están.
Porque los ojos verdes o azules no determinan la higiene de un individuo, sino la capacidad económica de pagarle a otro por que lo realice.
Al final del festival, mientras todos salen en un cuasi-orgasmo de lo ahí vivido, a lo lejos se aprecia el ejército de hombres naranjas hispanohablantes, para recoger la basura de lo que otros tiraron.
Eso en todo caso, debería conducir a la reflexión, al menos en uno que comparte más de lo que realmente supone.
Nuestra miseria.
Pero es cómodo no hacerlo, eso también lo sé.
Sigamos hablando del nuevo disco de (y aquí menciono el primer objeto que tengo a la vista) los glasses, o bien del concierto impresionante de los bunnies, o de los “banana over the table”, o del nuevo live act de los “Capsules”. Viva.
* De lo bipolar y el final
Lector, si ha llegado hasta aquí, quiero disculparme por la bipolaridad de esta reseña, pero algo similar es precisamente lo que ahí hemos experimentado. Contradicciones en todo momento. Coachella es un festival formidable y sin duda, continuará ofreciendo experiencias únicas para sus futuros asistentes.
En lo personal, produce un fuerte conflicto el intentar regresar. Como diría Sabina, no es preciso hacerlo a donde fuimos felices.
Y felices a costa de quién o qué. No sé.

coachella reseña review resena

En el dos mil siete, un buen amigo nos invitó a Coachella, él llevaba asistiendo varios años y se había convertido en una suerte de gurú en estos temas.

Tenía usualmente las precisas recomendaciones y así felizmente iniciamos la semi-aventura que habríamos de repetir otras dos veces consecutivas.

Por algún motivo, al regreso dejamos de compartir lo ahí experimentado y he aquí entonces el momento de hacerlo.

No olvide el lector que vivo en la Ciudad de México, donde -hasta donde me han dicho- he nacido. Este punto de observación, determina radicalmente la perspectiva.

* El campo de polo y resortes de la palma

La luz de Palm Springs y Coachella es diferente. Es clara, y produce en los objetos una coloridad peculiar. Es muy intenso, y acompaña felizmente  la intensidad propia que se vive en el festival. Cosa que no sucede -por ejemplo – en Lollapalooza o -supongo – en Glastonbury.

El ‘Empire Polo Field’ esta rodeado por altas palmeras, que contextualizan los otros escenarios. El principal escenario, no está en las carpas o los dos exteriores, sino en todo el campo. Y uno está ahí. Se siente bien.

* Del centro de las cosas

El año pasado (2008) cuando Roger Waters dejara volar su inflable porcino, uno se encontraba obligado a mirar al cielo. Al mismo tiempo reflectores en la periferia del campo creaban intensas líneas blancas en el firmamento, y uno sentía que estaba en el centro del mundo.

Es estremecedor.

* De lo memorable

La voz de ‘Man Machine’ de Kraftwerk provocaba escalofríos, la voz de Björk, la claridad del sonido de Portishead y sus verdes tonos.

Fue estremecedor ver a Leonard Cohen iluminado (literal y no literalmente) mirando al cielo mientras cantaba, anunciando el fin del mundo. Parecía un profeta, un loco, y sin embargo tanta gente escuchándolo en silencio con profundo respeto.

Y aunque pareciera misa, en Hallelujah, cantó:

“I’ve told the truth, I didn’t come to Coachella to fool you”.

En aquél mismo escenario, Damien Rice tocaría dos años antes “the professor & la fille danse” al inciar su participación, era inevitable que los ojos se nublaran por momentos.

* “A long way just to hear music…”

Al mismo tiempo, otros personajes tuvieron experiencias distintas. Regina Spektor, a medio set decía “[…] este es mi nuevo sonido…” para escuchar, uno o dos segundos después un enorme feedback. Irónico.

CocoRosie, una de nuestras personales predilecciones para el  dos mi seis, tuvo tantos problemas de audio que al finalizar, Bianca Cassidy aventó el micrófono al suelo.

Damien Rice por otro tipo de problemas, ese mismo año terminaría tocando sólo quince minutos.

Ahora, este año (2009) además de Cohen, nuestro referente principal era Antony Hegarty. Lamentablente tuvo tantos problemas también de sonido, que su set se vio interrumpido ante su desesperación por lo mediocre. Ante la ‘dependencia’ de un sujeto que no quería o entendía las indicaciones para mejorar el audio.

Resulta frustrante recorrer tan largo camino, para que uno de los momentos más esperados, se vea trastocado por este tipo de problemas.

Lo cual nos lleva al siguiente punto.

* De las contribuciones

No cabe duda que la vivencia en Coachella es totalmente diferente a otro festival. La luz, el campo de Polo, la temperatura. Pero uno se termina cuestionando, al pagar el boleto, al comprar playeras y memorabilia, ¿a qué estoy contribuyendo? (Al escribir reseñas incluso).

Genial por aquél país, por sus nuevos -quizá poco conocidos- músicos. Pero, ¿qué hay de nosotros? ¿Qué hay de esa otra escena que en México permanece oculta dado a un prejuicio contra su propio idioma? Contra su color de piel, contra su historia, contra su clara desventura económica.

Ello fue evidente cuando en este dos mil nueve, en medio ‘set’ de Etienne de Crecy y su impresionante cubo, una bandera mexicana ondeaba pese a los abucheos de muchos, puesto que interrumpía la proyección en ciertas partes del set. Lo cual nos lleva también a la siguiente pregunta.

¿Por qué forzosamente tiene uno que reafirmar su aceptación en aquél sitio de vencedores, para entonces obtener valía en este otro de vencidos?

Yo sé por qué.

* De la basura

Nunca estuvimos de acuerdo con el término ‘fan’ o ‘fanático’, propio del fanatismo. Fanáticos, aquellos de la inquisición, y ya vimos a dónde eso nos llevo. No. Pero bien, algunos ‘fanáticos’ (literalmente), que se encargan de replicar las noticias en su nicho de influencia, celebran la inclusión de un grupo mexicano en el ‘lineup’ anual.

Pero -o no lo saben, o prefieren ignorarlo-, pero en Coachella hay miles de mexicanos. Son hombres invisibles o bien, que nadie quiere ver. Sin embargo aparecen mágicamente para recoger una basura o botella mientras dura el festival, uno nunca sabe de donde o como aparecen, pero ahí están.

Porque los ojos verdes o azules no determinan la higiene de un individuo, sino la capacidad económica de pagarle a otro por que lo realice.

Al final del festival, mientras todos salen en un cuasi-orgasmo de lo ahí vivido, a lo lejos se aprecia el ejército de hombres naranjas hispanohablantes, para recoger la basura de lo que otros tiraron.

Eso en todo caso, debería conducir a la reflexión, al menos en uno que comparte más de lo que realmente supone.

Nuestra miseria.

Pero es cómodo no hacerlo, eso también lo sé.

Sigamos hablando del nuevo disco de (y aquí menciono el primer objeto que tengo a la vista) los glasses, o bien del concierto impresionante de los bunnies, o de los “banana over the table”, o del nuevo live act de los “Capsules”. Viva.

* De lo bipolar y el final

Lector, si ha llegado hasta aquí, quiero disculparme por la bipolaridad de esta reseña, pero algo similar es precisamente lo que ahí hemos experimentado. Contradicciones en todo momento. Coachella es un festival formidable y sin duda, continuará ofreciendo experiencias únicas para sus futuros asistentes.

En lo personal, produce un fuerte conflicto el intentar regresar. Como diría Sabina, no es preciso hacerlo a donde fuimos felices.

Y felices a costa de quién o qué. No sé.

Juan Manuel Escalante.
[ México. Julio del dos mil nueve ]

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Written by jmjesus

julio 29, 2009 a 4:51 am

Publicado en Uncategorized

2 comentarios

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  1. Para reflexionar, de verdad!! Hay mucho que pensar pero más que hacer!!

    Edgar

    agosto 3, 2009 at 5:25 pm

  2. Si, lástima que sean los menos los que como usted piensan. Un saludo señor.

    jmjesus

    agosto 8, 2009 at 3:49 am


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